domingo, 20 de septiembre de 2015

EL RUBIO

El rubio
   Aquel rubio me miraba cada día desde la marquesina del autobús. Era tan insinuante, con sus ceñidos vaqueros y aquella verde mirada sombreada por el tejano. Me provocaba una extraña sensación de mujer cosmopolita, aunque no hubiese ido al extranjero y lo más lejos hubiese sido a la luna de Valencia. Soñaba, con el sur de California, con cegar sus ojos verdes. Estaba convencida de mi aspecto de mujer fatal con el cigarrillo entre los dedos, el humo que expelí en ese momento me provocó un irrefrenable ataque de tos. Sabía que era irracional, una foto nunca habla, pero lo intenté.

   - Ahora todo es ecológico o prohibido -pensé en voz alta.
   - Los tiempos cambian -dijo- antes estaba bien visto, yo establecía la grandes relaciones entre los poderosos, me invitaban a compartir las grandes decisiones. Me regalaban en bodas, bautizos y comuniones. Nadie que se preciara permanecía en una fiesta o discoteca sin desprender humo.
   Le escuchaba atónita, él calló al ver que llegaba otra persona, prosiguió al ver que la señora en cuestión, me dirigía una mirada y se alejaba.
   - Todos me abandonan hipócritamente, me rechazan y prefieren extasiarse con pastillas, son más limpias para el ambiente, pero el deterioro es más rápido. Me han declarado la guerra, yo que soy pacifista y envuelvo en humo sus palabras beligerantes. Yo que he encendido tantos amores entre labios y dedos. Soy ajeno a sus intereses, ellos son los que me han hecho adictivo, añadiéndome sustancias peligrosas.
   Estaba tan absorta fumando el cigarrillo, que el autobús ecológico pasó sin detenerse, y al acelerar la marcha atropelló a la vecina del sexto, quién para no saludarme se había bajado de la acera. Desde entonces dicen de mí.
   - ¡Bah, salvó la vida por fumar!.
   (R.J.M./sept.2015)

UNA BUCANERA POCO MODERNA

   Menorca 

    Tendida en la arena no me di cuenta de que me robaban el móvil, cuando desperté no sabía donde estaba, no distinguía bien una arena de otra, a unos de otros. Se apropiaron de mi mapa, me raptaron para que confesara. Al ver lo enrevesado que estaba el norte del Caribe, el Oriente con el Occidente, se destapó el ojo, para ver mejor, nada. Me metieron en un barril, les costó trabajo izarme sobre la borda, ni una manzana que llevarme a la boca, sólo una toalla que tapaba algo.
   Me sentí zarandeada, abrí los ojos, mi hija estaba a mi lado, mostraba una botella de ron junto al móvil primario, tapados por una toalla.
   -¡Vaya toalla! ¿De dónde la has sacado? Tu móvil no ha dejado de sonar y en esta playa no hay cobertura, ni chiringuito.
   ¿Cómo decirle que los hakers, piratas, me habían devuelto por desinformateá?
   (R.J.M./15.9.15)

martes, 1 de septiembre de 2015

Canción de Agosto


Es la penúltima tarde de agosto,
se despide con aires de tormenta 
escandalosa, derribando
árboles y sombrillas a su paso.

Parece que quiera dejar recuerdo
de este domingo veraniego.
Contrarresto los truenos, escuchando
las canciones de otros veranos.

Cuando se tenían quince años
e ignorabas cuántos tendría el amor.
Y los besos eran robados
en aquel último guateque.

Solo había una blanca palidez
contrastando con el carmín
de las mejillas, ante la mirada
extraña de los ojos color miel.

Ahora sé que se agotaron
nuestras canciones del verano.
Tanto han cambiado nuestras vidas,
que los te quiero nos bastan.

Ha acabado la tormenta, y huyo, 
busco la luna llena entre las nubes,
no quiero pensar en el ayer
y menos, en la canción del mañana.

(R.J.M./30.8.15)

miércoles, 29 de abril de 2015

EL BAILE DE DIANA (microrrelato)




   Aquel verano invitamos a nuestra casa del pueblo a mis cuñados, pensando que tal vez, el cambio de vivienda les tranquilizaría a ambos, les dejamos nuestra habitación, pero cada mañana oíamos los gritos e insultos de ella en el baño, invariablemente él aparecía con huellas de uñas grabadas en la espalda.

   Hubo una tarde en la que ella parecía más tranquila, había deshojado varias flores sobre la mesa, como si se tratara de un puzle. Mi marido había descubierto cassetes de los años 60 y comenzó a sonar música de Paul Anka, su favorito. Se puso a bailar, se le transformó el rostro, reía, no dejaba de gritar "¡Oh, Diana, solo yoo!". Fue la última vez que la vi feliz.


(A mi cuñada, d.e.p.)

domingo, 5 de abril de 2015

Patchwork a tres manos


"Elige con cuidado lo que olvidas sin miedo, sin rencor.
Tirando por la borda todo el lastre"
(Fefa Martí Maldonado)


Memoria a la fuga

Necesito olvidar para recordar.

Aprender a desviarme del peligro
cuando el tsunami golpea mis costas.

A romper la lava, negra y dura,
de mi silencio derrotado.

A reconocer el rostro de un mal sueño.

Y, maniatada a la incertidumbre,
recordar que fui feliz sin pretenderlo.

(Mari Carmen Azkona, de su libro: "Patchwork")


Memoria fugada

Tantas veces fui maniatada,
por la incertidumbre de perderte.
Tuve que golpear los recuerdos uno a uno.
Vivir por dos la vida,
fabricar una sonrisa y estrujar el llanto.

Tirar por la borda todo el lastre,
elegir con cuidado los recuerdos
para hilvanarlos en tu acerico gris.
Alejar de tus costuras,
retales que quedaron flotando.

Ahora puedo mirar tu rostro,
recordar más allá del mal sueño.
Admitir que no hay un futuro,
sino presente.
Ser feliz sin pretenderlo.
Reír alegre, el bautizo
en jugo de fresas
del flamante "Patchwork".


(Rosa Jaén/2.4.2015)

domingo, 15 de marzo de 2015

BAJO EL MANTO NOCTURNO


Al igual que otras noches
me sumerjo en la luna llena
cuando tus manos se hundían
en los cráteres de mi piel.

Acabo de besar tus labios,
con olor a regaliz,
tan distintos de aquellos
que me untaban de fresas.

Se llenan mis ojos de oscuridad
bajo los árboles que te alojan.
Doy un manotazo al aire
de las mariposas que brillan.

Una noche más vuelvo a casa,
el lecho está vacío. Triste,
no siento el vagar de tus manos
en las esquinas de la almohada.

Bajo el manto nocturno,
sueño que me aprisionas
y deliro bajo los almendros.

                                     Mañana, rescataré la ternura.


lunes, 2 de marzo de 2015

Tísbe y Píramo




Sobre los helechos yacen
las vigilias del cielo
y apunta una madrugada
las hojas donde posarse
puedan, dos tórtolas.

Aún aguarda Tísbe
que Píramo suba a la montaña
y exprima su cintura
entre el gozo de las moreras
que acogen el polvo del sol.

Más, el león envidia
la luz que en círculos reposa
sobre la cabeza, ensaya
cómo anegar el manto
con dentelladas.

En la rasgada médula
del bosque, ya nube y agua sola,
ya luces que recrean un espacio,
lo oscuro inunda el verde milagro
de un amor teñido por las tormentas.

De mi libro: "La Huella de los dioses"
Edic. Torremozas – Madrid, 1986

Cuadro:Tísbe y Píramo,
Thomas Jan Van Yperen (1617-1678)
Museo Accademia Carrara (Bérgamo)