martes, 1 de septiembre de 2015

Canción de Agosto


Es la penúltima tarde de agosto,
se despide con aires de tormenta 
escandalosa, derribando
árboles y sombrillas a su paso.

Parece que quiera dejar recuerdo
de este domingo veraniego.
Contrarresto los truenos, escuchando
las canciones de otros veranos.

Cuando se tenían quince años
e ignorabas cuántos tendría el amor.
Y los besos eran robados
en aquel último guateque.

Solo había una blanca palidez
contrastando con el carmín
de las mejillas, ante la mirada
extraña de los ojos color miel.

Ahora sé que se agotaron
nuestras canciones del verano.
Tanto han cambiado nuestras vidas,
que los te quiero nos bastan.

Ha acabado la tormenta, y huyo, 
busco la luna llena entre las nubes,
no quiero pensar en el ayer
y menos, en la canción del mañana.

(R.J.M./30.8.15)

miércoles, 29 de abril de 2015

EL BAILE DE DIANA (microrrelato)




   Aquel verano invitamos a nuestra casa del pueblo a mis cuñados, pensando que tal vez, el cambio de vivienda les tranquilizaría a ambos, les dejamos nuestra habitación, pero cada mañana oíamos los gritos e insultos de ella en el baño, invariablemente él aparecía con huellas de uñas grabadas en la espalda.

   Hubo una tarde en la que ella parecía más tranquila, había deshojado varias flores sobre la mesa, como si se tratara de un puzle. Mi marido había descubierto cassetes de los años 60 y comenzó a sonar música de Paul Anka, su favorito. Se puso a bailar, se le transformó el rostro, reía, no dejaba de gritar "¡Oh, Diana, solo yoo!". Fue la última vez que la vi feliz.


(A mi cuñada, d.e.p.)

domingo, 5 de abril de 2015

Patchwork a tres manos


"Elige con cuidado lo que olvidas sin miedo, sin rencor.
Tirando por la borda todo el lastre"
(Fefa Martí Maldonado)


Memoria a la fuga

Necesito olvidar para recordar.

Aprender a desviarme del peligro
cuando el tsunami golpea mis costas.

A romper la lava, negra y dura,
de mi silencio derrotado.

A reconocer el rostro de un mal sueño.

Y, maniatada a la incertidumbre,
recordar que fui feliz sin pretenderlo.

(Mari Carmen Azkona, de su libro: "Patchwork")


Memoria fugada

Tantas veces fui maniatada,
por la incertidumbre de perderte.
Tuve que golpear los recuerdos uno a uno.
Vivir por dos la vida,
fabricar una sonrisa y estrujar el llanto.

Tirar por la borda todo el lastre,
elegir con cuidado los recuerdos
para hilvanarlos en tu acerico gris.
Alejar de tus costuras,
retales que quedaron flotando.

Ahora puedo mirar tu rostro,
recordar más allá del mal sueño.
Admitir que no hay un futuro,
sino presente.
Ser feliz sin pretenderlo.
Reír alegre, el bautizo
en jugo de fresas
del flamante "Patchwork".


(Rosa Jaén/2.4.2015)

domingo, 15 de marzo de 2015

BAJO EL MANTO NOCTURNO


Al igual que otras noches
me sumerjo en la luna llena
cuando tus manos se hundían
en los cráteres de mi piel.

Acabo de besar tus labios,
con olor a regaliz,
tan distintos de aquellos
que me untaban de fresas.

Se llenan mis ojos de oscuridad
bajo los árboles que te alojan.
Doy un manotazo al aire
de las mariposas que brillan.

Una noche más vuelvo a casa,
el lecho está vacío. Triste,
no siento el vagar de tus manos
en las esquinas de la almohada.

Bajo el manto nocturno,
sueño que me aprisionas
y deliro bajo los almendros.

                                     Mañana, rescataré la ternura.


lunes, 2 de marzo de 2015

Tísbe y Píramo




Sobre los helechos yacen
las vigilias del cielo
y apunta una madrugada
las hojas donde posarse
puedan, dos tórtolas.

Aún aguarda Tísbe
que Píramo suba a la montaña
y exprima su cintura
entre el gozo de las moreras
que acogen el polvo del sol.

Más, el león envidia
la luz que en círculos reposa
sobre la cabeza, ensaya
cómo anegar el manto
con dentelladas.

En la rasgada médula
del bosque, ya nube y agua sola,
ya luces que recrean un espacio,
lo oscuro inunda el verde milagro
de un amor teñido por las tormentas.

De mi libro: "La Huella de los dioses"
Edic. Torremozas – Madrid, 1986

Cuadro:Tísbe y Píramo,
Thomas Jan Van Yperen (1617-1678)
Museo Accademia Carrara (Bérgamo)

sábado, 21 de febrero de 2015

LOS BESOS


El Beso, Rodín

Con el tiempo, tu boca
y la mía extendieron la rutina
perfumando las copas del deseo.
Era entonces, cuando convertíamos
los vasos, en cristal de Bohemia
ungidos por el placer de brindar
con vino y néctar de rosas.

Hoy mi boca se abre
vivificante hasta la tuya
mi lengua trata de imbuír
en tus labios la miel
como una abeja que extrajera
el olvido, con su aguijón.

Acaso en un instante,
dejes de bucear en mi boca
y entonces no recuerdes
donde pusiste el polen.

Un zumbido de sueños
escapan, como fugaces estrellas.

*************
(R.J.M./14.2.2015)



miércoles, 11 de febrero de 2015

EL RUMOR DE LA TORMENTA

(Sobre la infidelidad)

   El viento arreciaba y las nubes parecían precipitarse sobre los árboles del jardín, las hojas parecían montículos de ropajes desechados y las ramas silbaban al quedar desnudas, entonando canciones fantasmagóricas en las ventanas. El aire movió las páginas del libro abierto sobre la mesa, se leía: “Caminas con los naipes del otoño a la vista. Con candidez aprehendida recibías el tacto de mi vestido y se inventaba el mudo lenguaje de los gestos...”

   Cerró la ventana, el atardecer había sido tragado por la negrura, los relámpagos iluminaban a intervalos la estancia Fue hacia el interruptor de la lámpara y una respiración entrecortada se interpuso, los latidos se aceleraron al percibir un murmullo de palabras inconexas en el oído. La oscuridad se hacía visible a intervalos de las ráfagas que hacían parecer espectros los muebles, los libros, los cuerpos.

 Las manos atraían, rechazaban sin convicción, resbalaban y hacían crujir los tejidos. Singulares luces de colores erizaban las minúsculas células de la piel, describían pequeños ríos, sensaciones largo tiempo aletargadas. Recordó: “Y el ácido placer se entrega, con caricias de preámbulos...”Trató de no moverse, de fijar la mirada en las palabras escritas: “Fue mucho más tarde que supiste de la entrega de la lluvia en tu corteza...”

   Las brumas se disiparon con el chasquido de la llave en la cerradura. Un sobresalto se precipitó en la sala, una imprecación siguió al ruido de una silla al caer, inundó todos los demás sonidos. El sortilegio se había quebrado. Una voz aguda sonó en el vestíbulo.

- Vaya golpe que me he dado. ¿Qué haces con las luces apagadas?

- Estaba leyendo, – la luz de la pantalla iluminó el libro.

- Deberías haber encendido el farol de la puerta. ¿Has pasado miedo?.

- ¡Oh, no! No estuve sola.

- Tú y tus libros.

Una sombra se deslizaba hacia el jardín.

(R.J.M./Feb.15)