domingo, 24 de julio de 2016

DÍA DE RECUERDO


                             
Serranillos del Valle - Madrid (Sept. 2009)




En este día de recuerdo,
no nos embarga la tristeza.
Hubo tantas veces en que se te acercó
la dama negra y saliste victorioso,
que el duelo no nos tenía apego.

Nos bastaba con ver tu sonrisa,

nos hacía sentirnos vivas.

Recobrábamos el coraje
para transitar por el dolor.

No, el destino no tiene dueño,
está escrito en el libro de las sombras,
aprendemos a leerlo cuando pone 
la palabra fin.

(R.J.M./23.7.16)


viernes, 25 de marzo de 2016

LLAMÉ A ATIS (Primavera efímera)



Sobre el profundo mar atisbé
el silencioso llegar de las naves
envueltas en la mágica seda

de las quimeras.


Brillaban sus faroles entre brumas
del sueño arrebatado a una clara noche
y en las aguas iban dejando 
corceles de espuma.


Sirios, helenos, latinos...

Creí que podría prescindir 
de abalorios, me era reservado

un gran visir con papiro de alabanzas.

Llamé a Atis...
Y él vino, encantador frigio
con cayado cubierto de campanillas
azules y blancas. Sus ojos 
como luciérnagas, alumbraban
el camino de la noche abrupta.


"¡Oh! Si Cibeles perdonara
mis amores fatídicos,
contigo compondría la más bella
egloga de idilio".


En el pavoroso piélago
del despertar, descubrí otras ménades
que alzaban sobre sus cabezas
atributos de laurel.


Llamé a Atis..,
ya no sé lo que persigo.
Sé que no se pueden tornar a vivir
las cosas que ya fueron.


Busco a Atis.., 
tan efímero como mis primaveras
que se pierden en los meandros
de la vida. 
Sé que no puedo
transformarme en un pino
que sustente el canto del jilguero.

Sin embargo, qué dulce fue el néctar
antes de que se quebrara
la copa del hechizo.

(M.R.J./ 20-3-16)



Del libro "La Huella de los dioses"
Edic. Torremozas, Madrid 1986.

viernes, 12 de febrero de 2016

Recordando a Cristóbal

Almendro canillense


RECORDANDO A CRISTÓBAL
CON M. ROSA

Acróstico de nuestra amiga Julie Sopetrán

Cuidabas de tus cosas con esmero
Recibías amor, dabas cariño;
Ilusionabas juegos como un niño
Sabías lo que sabe un caballero.
Todo lo preparabas con desvelo
Otorgabas sabores al aliño;
Bien podría decir que eras armiño
Ante ti, se postraba lo sincero.
Loable es tu figura en mi recuerdo
Mi cariño se funde con la ausencia
Resumen del destino y del destierro.
Oro puro con Amistad que pierdo
Sabiendo que la vida es trascendencia.
Ayer..., cuando jugabas con tu perro...

©Julie Sopetrán

(8 de febrero 2016)

Querida amiga: Me has emocionado con tu hermoso poema,
recordando tantos momentos dulces como compartimos,
le hubiesen encantado tus versos leyéndolos como un rapsoda.
Ese día era el descumpleaños de mi madre y recordé a la tuya,
él decía que ambas castellanas eran igual de dulces y cariñosas.
Ese día, me llegó la certeza de que él ya no está con nosotras,
lloré al ver que los almendros florecían y saber que no podría
llevarle almendras, para que él dijera: Son de Julie ¿verdad?
Y yo asentía, para que no recordara que hacía años
que él no caminaba por las tierras de Sopetrán.
Besos y abrazos. Mª Rosa.




jueves, 4 de febrero de 2016

Cuando se acaba el tiempo.


Tiempo en el tiempo
la muerte llega puntual
nunca olvida su cita.
Creía que era yo
quien te regalaba mi tiempo,
era al revés, tú me prestaste
el poco que te quedaba.
Cuando se acaba el tiempo
y los sentimientos afloraron,
las palabras quedan amarradas 
al corazón.


(A.C.M.M. 23.1.2016)

LA HUELLA DE SU LUZ

Foto: Diciembre 2015

La Huella de tu Luz,
tu sonrisa, brillaran
siempre en nuestras almas.
Descansarás en la paz
del rosal que tú sembraste
Ángel Cristóbal.


(23 de Enero, 2016)

miércoles, 6 de enero de 2016

EL TRAJE DE MELCHOR

           

       Melchor, Gaspar y Baltasar esperaban el ascensor para visitar a los residentes que permanecían en cama. El primero destacaba por su estatura, era evidente que el anterior representante de sus majestades medía veinte centimetros menos, la túnica se le quedaba corta y mostraba las medias negras.

       Se abrió la puerta del ascensor y tuvieron que echarse a un lado, la silla de ruedas era más ancha de lo normal, sentado en ella iba un hombre de fuerte constitución, llevaba las piernas tapadas por una manta, de haberse puesto en pie, su estatura habría sobrepasado la de Melchor, este se detuvo junto a la silla y le tocó en el hombro. Una mujer acompañaba al residente, maniobraba la silla con precisión. Él se quedó mirando los pies enfundados en las largas medias, recorrió con la vista su estatura y le miró a los ojos, tras el escrutinio. Le tendió la mano, diciéndole.

      - Me llamo Ángel, me alegra conocerte.

      - A mi me llaman Melchor. ¿Qué le has pedido a los Reyes?

       El hombre retiró la manta de sus piernas y le mostró la derecha, cuyo pantalón colgaba poco más abajo de la rodilla.

      - Yo quiero una pierna nueva, la mía me la quitaron y aún no sé por qué me la dejaron corta.

         Durante unos minutos se hizo el silencio entre las personas que rodeaban a los personajes. Melchor miró a la mujer, ¿le estaba hablando en serio?, ella hizo un gesto afirmando con la cabeza, mientras le colocaba la manta. Melchor, parecía haberse quedado mudo, hasta que finalmente contestó.

      - Bueno, comprenderás que es un encargo muy delicado, no sé si habrá en el almacén una pierna a tu medida.

      - Ya, pero vosotros sois magos, mira a ver si encuentras una para mi.

         Ambos se miraron a los ojos.

      - De acuerdo Ángel, pero sólo soy un paje de Melchor.

         Los compañeros se introdujeron en el ascensor y la gente que les rodeaba comenzaron a deambular por los pasillos, la puerta estaba a punto de cerrarse y el hombre alzó la voz:

      - Yo vivo aquí, en el primer piso, no te vayas a equivocar.

         Melchor levantó la mano en un saludo y la puerta se cerró. La mujer empujaba ya la silla y se detuvo.

      - ¿Por qué le has dicho que no se equivoque?

      - No sé lo que he comido hoy -respondió-, pero recuerdo cuando pedí a los reyes que me trajeran un patinete y se lo dejaron a mi vecino Pepito que, ese sí que era malo, pero su padre tenía más dinero que el mio. Pienso que este mago sí que me lo traerá. ¿No has visto que es pobre y no se ha podido comprar otro traje?.

      (R.J.M./5.1.2016)


viernes, 6 de noviembre de 2015

TERROR EN LA CALLE DESIERTA

                                                   

            Sábado, 11 de Agosto. 

   Eran las 6 de la tarde, no era hora taurina, no había ningún valiente que se atreviera a desafíar los 40º a la sombra. El coche me había dejado a unos cien metros del lugar adónde iba, evitándome esperar el autobús bajo el horno de la marquesina y recorrer después los 66 escalones que separan los desniveles de una calle a la otra, ambas paralelas y de dirección única.


   El viento africano soplaba con fuerza, se había sumado al fuego de san Lorenzo y sus ráfagas hacían ulular los toldos de terrazas y las ramas de los árboles, amenazaban mi cabeza. Estaba más sola que la una, no se veía ni un cuerpo con alma. Anduve por la acera, bajo la delgada sombra.

   Un extraño ruido a chatarra, me hizo detener y volverme a mirar, no pasaba ni un solo coche, los kavallos de los motores, estaban amarrados sobre el asfalto. Eolo amainó su soplo y proseguí el camino, apenas habría andado unos pasos y de nuevo escuché aquel chirriar, alcé la vista, so pena de convertir mi cara en un pergamino. No se veía a nadie, ni nada capaz de hacer aquel ruido, ni siquiera, el eje de unas ruedas ludiendo el asfalto.

   Crucé hasta la otra acera y apreté el botón, para que me abrieran la puerta de acceso al parque. Esta vez el sonido chirriante estaba cercano, como si me persiguiera. La acera marca una semicircunferencia para la entrada de vehículos, me alejé de la puerta, cuando ya la estaban abriendo. Junto al bordillo había un montón de hojas, me agaché y cogí un objeto. El parque estaba desierto, el agobiante calor había hecho que los residentes se mantuvieran en el interior.

   La recepcionista después de saludarme, me preguntó: ¿Se te había caído algo? He visto que te volvías y te agachabas a recogerlo.

   - Sí, esto -sobre el mostrador deposité un bote de cerveza vacío- ¡Por favor! Tíralo a la papelera. No sabes lo que puede aterrorizar en una calle desierta.

(R.J.M./11.8.12)
Foto: Parque de la Resi.