jueves, 4 de febrero de 2016

LA HUELLA DE SU LUZ

Foto: Diciembre 2015

La Huella de tu Luz,
tu sonrisa, brillaran
siempre en nuestras almas.
Descansarás en la paz
del rosal que tú sembraste
Ángel Cristóbal.


(23 de Enero, 2016)

miércoles, 6 de enero de 2016

EL TRAJE DE MELCHOR

           

       Melchor, Gaspar y Baltasar esperaban el ascensor para visitar a los residentes que permanecían en cama. El primero destacaba por su estatura, era evidente que el anterior representante de sus majestades medía veinte centimetros menos, la túnica se le quedaba corta y mostraba las medias negras.

       Se abrió la puerta del ascensor y tuvieron que echarse a un lado, la silla de ruedas era más ancha de lo normal, sentado en ella iba un hombre de fuerte constitución, llevaba las piernas tapadas por una manta, de haberse puesto en pie, su estatura habría sobrepasado la de Melchor, este se detuvo junto a la silla y le tocó en el hombro. Una mujer acompañaba al residente, maniobraba la silla con precisión. Él se quedó mirando los pies enfundados en las largas medias, recorrió con la vista su estatura y le miró a los ojos, tras el escrutinio. Le tendió la mano, diciéndole.

      - Me llamo Ángel, me alegra conocerte.

      - A mi me llaman Melchor. ¿Qué le has pedido a los Reyes?

       El hombre retiró la manta de sus piernas y le mostró la derecha, cuyo pantalón colgaba poco más abajo de la rodilla.

      - Yo quiero una pierna nueva, la mía me la quitaron y aún no sé por qué me la dejaron corta.

         Durante unos minutos se hizo el silencio entre las personas que rodeaban a los personajes. Melchor miró a la mujer, ¿le estaba hablando en serio?, ella hizo un gesto afirmando con la cabeza, mientras le colocaba la manta. Melchor, parecía haberse quedado mudo, hasta que finalmente contestó.

      - Bueno, comprenderás que es un encargo muy delicado, no sé si habrá en el almacén una pierna a tu medida.

      - Ya, pero vosotros sois magos, mira a ver si encuentras una para mi.

         Ambos se miraron a los ojos.

      - De acuerdo Ángel, pero sólo soy un paje de Melchor.

         Los compañeros se introdujeron en el ascensor y la gente que les rodeaba comenzaron a deambular por los pasillos, la puerta estaba a punto de cerrarse y el hombre alzó la voz:

      - Yo vivo aquí, en el primer piso, no te vayas a equivocar.

         Melchor levantó la mano en un saludo y la puerta se cerró. La mujer empujaba ya la silla y se detuvo.

      - ¿Por qué le has dicho que no se equivoque?

      - No sé lo que he comido hoy -respondió-, pero recuerdo cuando pedí a los reyes que me trajeran un patinete y se lo dejaron a mi vecino Pepito que, ese sí que era malo, pero su padre tenía más dinero que el mio. Pienso que este mago sí que me lo traerá. ¿No has visto que es pobre y no se ha podido comprar otro traje?.

      (R.J.M./5.1.2016)


viernes, 6 de noviembre de 2015

TERROR EN LA CALLE DESIERTA

                                                   

            Sábado, 11 de Agosto. 

   Eran las 6 de la tarde, no era hora taurina, no había ningún valiente que se atreviera a desafíar los 40º a la sombra. El coche me había dejado a unos cien metros del lugar adónde iba, evitándome esperar el autobús bajo el horno de la marquesina y recorrer después los 66 escalones que separan los desniveles de una calle a la otra, ambas paralelas y de dirección única.


   El viento africano soplaba con fuerza, se había sumado al fuego de san Lorenzo y sus ráfagas hacían ulular los toldos de terrazas y las ramas de los árboles, amenazaban mi cabeza. Estaba más sola que la una, no se veía ni un cuerpo con alma. Anduve por la acera, bajo la delgada sombra.

   Un extraño ruido a chatarra, me hizo detener y volverme a mirar, no pasaba ni un solo coche, los kavallos de los motores, estaban amarrados sobre el asfalto. Eolo amainó su soplo y proseguí el camino, apenas habría andado unos pasos y de nuevo escuché aquel chirriar, alcé la vista, so pena de convertir mi cara en un pergamino. No se veía a nadie, ni nada capaz de hacer aquel ruido, ni siquiera, el eje de unas ruedas ludiendo el asfalto.

   Crucé hasta la otra acera y apreté el botón, para que me abrieran la puerta de acceso al parque. Esta vez el sonido chirriante estaba cercano, como si me persiguiera. La acera marca una semicircunferencia para la entrada de vehículos, me alejé de la puerta, cuando ya la estaban abriendo. Junto al bordillo había un montón de hojas, me agaché y cogí un objeto. El parque estaba desierto, el agobiante calor había hecho que los residentes se mantuvieran en el interior.

   La recepcionista después de saludarme, me preguntó: ¿Se te había caído algo? He visto que te volvías y te agachabas a recogerlo.

   - Sí, esto -sobre el mostrador deposité un bote de cerveza vacío- ¡Por favor! Tíralo a la papelera. No sabes lo que puede aterrorizar en una calle desierta.

(R.J.M./11.8.12)
Foto: Parque de la Resi.

viernes, 23 de octubre de 2015

HABLANDO DE CINE


Os traigo una efemérides del 7 de octubre de 1965, cuando se terminó de rodar la película "Doctor Zhivago".
Hace unos meses la joven periodista Sarah White, de la Agencia Internacional Reuters, me hizo una entrevista por tal motivo. Quedamos para vernos en el llamado "Palacio de Hielo", paseamos por la calle Silvano, se mostró sorprendida al saber que fue ahí donde estuvo el Kremlin y la calle de Moscú con sus tranvías. Sarah había realizado sus estudios en el Liceo Francés, principio de la actual calle Silvano y cogía cada día el metro en Esperanza. Hacía bastantes años que no había vuelto por el barrio, sus estudios universitarios los acabó en Londres, pero añoraba Madrid.

A mi me llamó la atención que una Economista estuviera interesada en la cinematografía, según me indicó: Su interés provenía de las escasas películas internacionales que se rodaban actualmente en Madrid, habiendo sido una de las ciudades españolas en la que más películas se rodaron. Hablamos de los múltiples Estudios Cinematográficos de aquella época, Samuel Bronston, C.E.A. y tantos otros que fueron desapareciendo. De las múltiples trabas que surgen en la actualidad, desde una exacerbada burocracia: registros, autorizaciones, protocolos, etc., que hacen desistir a más de uno, a las exigencias de actores y actrices.
Más que una entrevista, fue una conversación entre amigas que comenzó a la hora de la merienda y terminó dos horas después tras un paseo por la zona, en el metro de Esperanza.

He aquí el artículo de Sarah White para la Agencia Reuters.






domingo, 20 de septiembre de 2015

EL RUBIO

El rubio
   Aquel rubio me miraba cada día desde la marquesina del autobús. Era tan insinuante, con sus ceñidos vaqueros y aquella verde mirada sombreada por el tejano. Me provocaba una extraña sensación de mujer cosmopolita, aunque no hubiese ido al extranjero y lo más lejos hubiese sido a la luna de Valencia. Soñaba, con el sur de California, con cegar sus ojos verdes. Estaba convencida de mi aspecto de mujer fatal con el cigarrillo entre los dedos, el humo que expelí en ese momento me provocó un irrefrenable ataque de tos. Sabía que era irracional, una foto nunca habla, pero lo intenté.

   - Ahora todo es ecológico o prohibido -pensé en voz alta.
   - Los tiempos cambian -dijo- antes estaba bien visto, yo establecía la grandes relaciones entre los poderosos, me invitaban a compartir las grandes decisiones. Me regalaban en bodas, bautizos y comuniones. Nadie que se preciara permanecía en una fiesta o discoteca sin desprender humo.
   Le escuchaba atónita, él calló al ver que llegaba otra persona, prosiguió al ver que la señora en cuestión, me dirigía una mirada y se alejaba.
   - Todos me abandonan hipócritamente, me rechazan y prefieren extasiarse con pastillas, son más limpias para el ambiente, pero el deterioro es más rápido. Me han declarado la guerra, yo que soy pacifista y envuelvo en humo sus palabras beligerantes. Yo que he encendido tantos amores entre labios y dedos. Soy ajeno a sus intereses, ellos son los que me han hecho adictivo, añadiéndome sustancias peligrosas.
   Estaba tan absorta fumando el cigarrillo, que el autobús ecológico pasó sin detenerse, y al acelerar la marcha atropelló a la vecina del sexto, quién para no saludarme se había bajado de la acera. Desde entonces dicen de mí.
   - ¡Bah, salvó la vida por fumar!.
   (R.J.M./sept.2015)

UNA BUCANERA POCO MODERNA

   Menorca 

    Tendida en la arena no me di cuenta de que me robaban el móvil, cuando desperté no sabía donde estaba, no distinguía bien una arena de otra, a unos de otros. Se apropiaron de mi mapa, me raptaron para que confesara. Al ver lo enrevesado que estaba el norte del Caribe, el Oriente con el Occidente, se destapó el ojo, para ver mejor, nada. Me metieron en un barril, les costó trabajo izarme sobre la borda, ni una manzana que llevarme a la boca, sólo una toalla que tapaba algo.
   Me sentí zarandeada, abrí los ojos, mi hija estaba a mi lado, mostraba una botella de ron junto al móvil primario, tapados por una toalla.
   -¡Vaya toalla! ¿De dónde la has sacado? Tu móvil no ha dejado de sonar y en esta playa no hay cobertura, ni chiringuito.
   ¿Cómo decirle que los hakers, piratas, me habían devuelto por desinformateá?
   (R.J.M./15.9.15)

martes, 1 de septiembre de 2015

Canción de Agosto


Es la penúltima tarde de agosto,
se despide con aires de tormenta 
escandalosa, derribando
árboles y sombrillas a su paso.

Parece que quiera dejar recuerdo
de este domingo veraniego.
Contrarresto los truenos, escuchando
las canciones de otros veranos.

Cuando se tenían quince años
e ignorabas cuántos tendría el amor.
Y los besos eran robados
en aquel último guateque.

Solo había una blanca palidez
contrastando con el carmín
de las mejillas, ante la mirada
extraña de los ojos color miel.

Ahora sé que se agotaron
nuestras canciones del verano.
Tanto han cambiado nuestras vidas,
que los te quiero nos bastan.

Ha acabado la tormenta, y huyo, 
busco la luna llena entre las nubes,
no quiero pensar en el ayer
y menos, en la canción del mañana.

(R.J.M./30.8.15)