viernes, 26 de septiembre de 2014

IMAGÍNATE


Imagínate un cielo azul
siempre igual, en el que brillara
la paz como una extraña utopía.

Imagínate que una complaciente
bandera uniera sentimientos
convirtiéndose en remanso de sueños.

Imagina, cuando se encoge
el ánimo, la vida circula más despacio
y todo lo previsto, queda anulado.

Es preciso, volver cada mañana
a sembrar de peces el estanque
para sobrevivir.

Es preciso alumbrar este tiempo
desapacible abordar las horas
con la mejor sonrisa.

Siempre habrá un cuervo
que quiebre el aire de la tarde
con sus graznidos.

Imagínate que la reflexión
cala en las mentes,
se dispersan tristezas,
caen en una red de amistad.

R.J.M. /21.9,14

Foto: R. Blazquez

martes, 5 de agosto de 2014

La rica horchata de chufa


   ¿Hay alguna otra bebida más refrescante para los calores veraniegos? Tal vez os interese saber la historia de la horchata de chufa, desde cuando se la conoce y cuales son sus propiedades. Por qué la horchata de chufa está entre los alimentos más completos de la dieta mediterránea.

El cultivo de la chufa (Cyperus esculentus), llamada comúnmente "juncia avellanada" fue introducido en la actual Comunidad Valenciana durante la dominación árabe en el siglo VIII aunque no fue hasta el siglo XIII cuando su cultivo se generalizó apareciendo en ese momento las primeras referencias a una bebida elaborada con este tubérculo, la leche de chufas, antecesora de la actual horchata.

Al parecer, ésta ya era usada en el antiguo Egipto, habiéndose hallado vasos que contienen chufas como parte del ajuar funerario de los faraones. A orillas del Nilo y en la región de Chuf, en Sudán, se cultiva desde hace miles de años, entonces ya se bebía una bebida blanca y lechosa creada a partir de chufas. Autores persas y árabes de la antigüedad mencionan los beneficios digestivos y desinfectantes de la chufa, usada entonces como bebida medicinal por considerársela energética y diurética.

¿De dónde procede el nombre de horchata? Se cuenta que una aldeana valenciana llevó al rey Jaime I "el conquistador", un poco de horchata. Al rey le encantó el sabor y preguntó qué era aquello. La chica respondió que era leche de chufa (llet de xufa, en valenciano). El rey exclamó: "¡Esto no es leche, esto es oro, chata!", lo que originó un juego de palabras entre "or" y "xata" dando lugar al vocablo valenciano "orxata".

Recientemente, se ha descubierto un documento manuscrito, de 1824, donde el doctor Alcazar prescribe con fines curativos al entonces Alcalde Constitucional de Alicante, un tratamiento a base de "leche de chufas".

La chufa de Valencia (en valenciano Xufa de València) es una Denominación de Origen Protegida, que identifica su cultivo en dieciseis pueblos de la Huerta valenciana. Según la forma del fruto se distinguen dos tipos de chufas la llargueta (alargada) y la armela (redondeada).

La horchata natural de chufa se consume fresca, líquida o granizada. Es una bebida energética y nutritiva, rica en minerales .

 1. Es ideal para niños y deportistas porque proporciona energía fácilmente asimilable (sus hidratos de carbono derivan sobre todo del almidón y la sacarosa).
 2.  Su poder energético es, así mismo, de utilidad en ancianos y sujetos con estados de malnutrición.

 3. No conviene olvidar su capacidad antioxidante por su contenido en vitaminas E y C, lo cual unido a su composición en grasas, fundamentalmente monoinsaturadas, la hace útil en el consejo alimentario de los pacientes con riesgo de padecer cualquier tipo de enfermedad cardiovascular.

 4. La pueden tomar los pacientes hipertensos dado el casi nulo contenido en sodio de la bebida y la ausencia de componentes estimulantes. Es más, por su contenido en arginina puede tener efectos vasodilatadores.


 La horchata con azúcar contiene aproximadamente unas 100 calorías por cada 100 gramos, pero si la tomáis sin azúcar, las calorías bajan de manera drástica a menos de 40, la diferencia es muy significativa para tener en cuenta. En cambio, las propiedades nutritivas de la horchata de chufa se mantienen, sea con azúcar o sin, sea casera o embotellada.

¡Feliz Verano!





lunes, 4 de agosto de 2014

En nuestro 40 Aniversario



Hoy, cuando cumples, cumplimos años,
querría hacer, decirte tantas cosas.

Algo así, tan simple como besarte
y despertar tu cuerpo con la luz
del alba creciendo sobre las sábanas.
Sentir que es verano y que tus manos
recorren los pliegues de mi piel.
Urdir bajo las sombras de la parra
el viaje a la playa que conocimos.

Amor, todo son sueños, quimeras
que he de silenciar cuando nos veamos.
He de mantener las distancias, cortar
los caminos agujereados
que conducen hasta tu rosa gris.

Alegrarme de saber que soy
la novia más guapa de tu universo.
Como tantas veces, esconderé
las lágrimas, expondré mi sonrisa.
Pediré que continues siendo
mi niño grande y maravilloso.

Al verte, sólo te diré: Te quiero Amor,
kissme, una vez más.

(R.J.M./2 y 4.8.2014)


(RJM / 2 y 04/08/2014)

martes, 29 de julio de 2014

AÑORANZAS




A mis hijas
Hay mañanas que pasaron ayer,
vuelven añorantes, con los reflejos 
perdidos en el tiempo.

Hay mañanas en las que no sabes
si tendrán un futuro.
Teje los pequeños hilos prensados 
en alegrías,
mañana al contemplarlos,
te servirán para morder horas
que sean infelices.
Piensa en el porvenir, pero no olvides
vivir el hoy.


(R.J.M./29.7.14)


Fotos: Susana Murillo J.








lunes, 28 de julio de 2014

Soñando con la Paz.

   

   
   Ayer por la tarde, cuando paseaba por mi barrio, tranquilo, pacífico, sin apenas tráfico, ni ruidos, solo las risas que llegaban desde algunas terrazas, siendo domingo y vacaciones. Experimentaba, sin embargo, una sensación de tristeza por todos aquellos a los que se les ha roto el derecho a pasear, a reír.

   Sentía la impotencia de saber que quien ostenta un premio Nobel de la Paz, ignora lo que significa esa palabra y todo, porque existen dos cosas imprescindibles para los Centros del Poder: las armas y el dinero. Unos gobernantes cínicos e impasibles ante la desvergüenza de contribuir a una masacre, a un genocidio.¿Quién sino ellos, pueden detenerlos?

   ¿Servirá de algo que unos cuantos millones de personas estemos rogando por la paz? A lo largo de la Historia, desde que el mundo es mundo, la palabra Paz ha demostrado ser una Utopía: un lugar que no existe, un plan irrealizable. Para que fuese real, tendríamos que transformar nuestro interior y romper los límites, uno a uno, cada ser humano. Imposible ¿verdad?

   Al menos, soñemos que es posible, no perdamos la Esperanza. Saber que no estoy sola en el utópico pensamiento, hace que saboree con auténtica fruición un vaso de horchata y dé gracias por este simple placer. ¡Ojalá! Algún día podamos brindar por una de las palabras más hermosas del universo. ¡PAZ!


   Abrazos de Paz para tod@s y cada un@. 

(R.J.M./28.7.14)

domingo, 27 de julio de 2014

En memoria de mi peludo


     

   A Shaggy


¿A qué huelen las flores?
Huelen a paseos por el parque,
a libertad en el campo.

¿A qué saben las lágrimas?
A soledad, no vendrás
corriendo a ver qué me sucede.

Sé que a pesar de todo,
he hecho lo mejor por ti
terminaste el sufrir.

Ahora puedes surcar
los anchos mares,
vé donde tus amitas
y diles de mi parte:

Disfrutad el recuerdo
estando juntas.
Déjales lametones,
de los que les gustan.


¿A qué huelen las nubes?
A un cielo de arco iris,
a un lugar donde van
todos los perritos buenos.

(R.J.M./2.7.14)

viernes, 13 de junio de 2014

BAJO EL CIELO DE CANILLAS

Fotos de EXPO-CANILLAS

   Se iniciaba la primavera de 1959 y el campo se vestía con tonos verdes. Los primeros habitantes del Poblado Dirigido de Canillas, llegaban con sus enseres para cumplir el sueño acariciado, una casa de su propiedad. La entrega de las llaves se había demorado unos meses y urgía abandonar el alquiler de la anterior. En las viviendas aún tardarían una semana en enganchar la luz, sólo la luna alcanzaba claridades en las ventanas sin persianas. Casi un mes tardaría en llegar el agua potable a las viviendas, aún después que así fuera, mujeres y niños iban con los botijos hasta la plazoleta posterior a los bloques de la Carretera de Canillas, había una fuente que según decían era de un manantial.

   Era tiempo sin ruidos de motores en las calles ajenas al asfalto, solo las risas del escondite inglés, el silbido de la comba, las chapas y el girar de las peonzas. Al anochecer, se fundía el aire con voces desde las ventanas. "¡Manolita, Pepito! Ya estáis subiendo a cenar". Esquivos, a regañadientes, se apagaban los juegos. En el estío, al anochecer, brillaban los guijarros de la acera con el riego y los abanicos competían con el aire. En las puertas se sacaban las sillas y banquetas, se contaban historias de los pueblos, teñidas de nostalgia. De mano en mano, pasaba el botijo del agua y la bota de vino. Se ahuyentaba el sueño. 

   La mañana era un tiempo de patios, de pan con aceite aliñando el tomate, de sardinas arenques prensadas con un papel de estraza en los goznes de las puertas. Café de puchero con colador, de agua teñida con achicoria. Alguna vaquería cercana para llevar leche fresca. Un lujo la leche condensada "Nogueroles", en vasos de cristal con dibujos; mañanas de Cola-cao para ser el amo de la pista y boxear con primor. Los patios se iban tiñendo de rosas y geranios, tratando de ocultar su aspecto de lápidas debido a las vigas que acotaban el espacio, por ellos transitaban los gatos y a los niños les servía de gimnasio para saltar las vallas, sin salir a la calle. 

  Paseos de atardeceres entre los trigales y huertas, excepcionalmente una excursión hasta llegar al aeropuerto y ver salir los aviones,  parecía mentira que pudieran elevarse con tanta celeridad. ¿Adónde irían los viajeros? Antes de volver al Poblado, una visita al paisano que tenía su huerta en Barajas, se cargaban melones y sandías. Había que descansar junto al caño gordo, llegaba el momento de aligerar la carga saboreando el dulce jugo que chorreaba las manos y brazos, lavarlos, antes de proseguir la marcha.

   En los "chinares", don Jose Luis era un cura poco usual, con la sotana remangada, lanzaba al aire el único balón de reglamento existente en el barrio, los niños tras él, iniciaban su grito de guerra: "Monaguillo toca la campana" y ellos coreaban: "Señor cura, no me da la gana", en cualquier otro lugar hubiese sido un desafuero castigado. "Que sí, que no, que caiga un chaparrón con azúcar y turrón" y tras el partido, un premio para todos. Un trozo de pan con dos onzas de chocolate y algunos cromos de futbolistas, ni la mejor copa hubiese sido mejor premio.

   Los "Jardines de Villa Rosa", eran un universo de lujo desconocido, un cabaret internacional para la alta sociedad.  Enfrente, al otro lado donde finalizaba el asfalto, un pequeño cerro servía de palco sentados sobre las piedras, se sacaba de la cesta el bocadillo y la fruta. Los coches comenzaban a llegar, se detenían y el chófer abría las puertas,  ellos descendían con trajes de colores claros y pajaritas negras.  Las mujeres con vestidos largos y generosos escotes, hacían brillar sus joyas bajo la luz del atardecer y los faroles, en plena canícula de agosto, la mayoría de ellas lucían estolas de piel La niña preguntaba extrañada: ¿Por qué llevan tanto abrigo? "Es que luego refresca, hija". El padre sacaba el peluco del bolsillo del chaleco, pronto serían las diez, hora de regresar a casa; al día siguiente tenía que madrugar.

   Otoño, vinculado al frío, se colaba por las rendijas, sobre la cocina de carbón, hervía el puchero con huesos y escasa carne, con algo de tocino y chorizo, verduras o legumbres, traídas del pueblo. Abundante agua para convertir el caldo en diversos platos de sopas. Cardos, cardillos y setas del campo aledaño eran exquisito manjar. En la hornilla se retiraban las brasas, la carbonilla y escoria, ya frías, se aprovechaban para rellenar el barro de las calles sin asfalto, en las que no bastaban las botas katiuskas. Con las ascuas del brasero se asaban castañas y dulces boniatos, tras su retirada, el sahumerio de romero y espliego perfumaban el hogar.

  Se acercaba la Navidad, tiempo de luces y alegría, de zambombas y panderetas, de visitas a los vecinos cantando villancicos y pidiendo el aguinaldo. Escasas eran las monedas y generosos los mantecados, mazapanes, turrones.  Para los mayores la copita de un dedal, con anís o coñác. Deberían haber sido días alegres pero se convirtió en la más triste Navidad, la ausencia del padre en el hospital. A través de la radio, llegaban las campanadas al nuevo barrio, los vecinos comían las uvas y descorchaban botellas de sidra, salían a la calle con petardos y bengalas. Se inauguraba una nueva década, 1960.

   La niña abandonó bruscamente la niñez, supo que los Reyes no le traerían ningún regalo aún así decidió escribir una carta y la echó en el buzón, sólo tenía una petición: Salud para su padre, su mejor amigo. Tuvo que sustituir al pipero con su cesta de pipas y caramelos Saci para jóvenes fumadores de Celtas y chicles de Cheiw y Bazooka. En el barrio hubo una cabalgata bajo las bombillas de luces mortecinas: tres camionetas engalanadas con guirnaldas de papel y bombillas, unos tronos que se tambaleaban en los baches unos pajes montados a caballo, reconocibles bajo sus baratijas y oropeles lanzaban los caramelos que no llegaban al suelo. Les acompañaba una banda de música y finalizaba con un pastor y su rebaño, el mismo que apacentaba en tierras canillenses.

   Días después, el ulular de la ambulancia rompía el silencio del mediodía, la niña pensó que su oración había sido oída, fue sólo un espejismo. Habían transcurrido quince días del año, hubo que improvisar una cama bajo la escalera, fue un tiempo de despedida, de forzadas sonrisas. Una semana después cuando brillaba el sol de mediodía, él se fue hacia la luz, donde las estrellas besan la luna. Como un haz de espigas, vinieron las gentes del barrio a dar su último adiós al primer canillense que lo abandonaba.

   El barrio se fue llenando de  familias, las mujeres cantaban mientras se afanaban en limpiar y colocar los pocos bártulos que traían. Los hombres, tras su horario laboral, hacían chapuzas y daban los últimos retoques al que ya era su hogar. Bajo el cielo canillense se compartía lo poco que se tenía, se participaban alegrías y tristezas; se saciaba el hambre de amor. La vida continuaba girando como una peonza.

(Rosa Jaén /14.6.14)



                                             Foto: Fernando Sainz Valdecantos.