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viernes, 13 de junio de 2014

BAJO EL CIELO DE CANILLAS

Fotos de EXPO-CANILLAS

   Se iniciaba la primavera de 1959 y el campo se vestía con tonos verdes. Los primeros habitantes del Poblado Dirigido de Canillas, llegaban con sus enseres para cumplir el sueño acariciado, una casa de su propiedad. La entrega de las llaves se había demorado unos meses y urgía abandonar el alquiler de la anterior. En las viviendas aún tardarían una semana en enganchar la luz, sólo la luna alcanzaba claridades en las ventanas sin persianas. Casi un mes tardaría en llegar el agua potable a las viviendas, aún después que así fuera, mujeres y niños iban con los botijos hasta la plazoleta posterior a los bloques de la Carretera de Canillas, había una fuente que según decían era de un manantial.

   Era tiempo sin ruidos de motores en las calles ajenas al asfalto, solo las risas del escondite inglés, el silbido de la comba, las chapas y el girar de las peonzas. Al anochecer, se fundía el aire con voces desde las ventanas. "¡Manolita, Pepito! Ya estáis subiendo a cenar". Esquivos, a regañadientes, se apagaban los juegos. En el estío, al anochecer, brillaban los guijarros de la acera con el riego y los abanicos competían con el aire. En las puertas se sacaban las sillas y banquetas, se contaban historias de los pueblos, teñidas de nostalgia. De mano en mano, pasaba el botijo del agua y la bota de vino. Se ahuyentaba el sueño. 

   La mañana era un tiempo de patios, de pan con aceite aliñando el tomate, de sardinas arenques prensadas con un papel de estraza en los goznes de las puertas. Café de puchero con colador, de agua teñida con achicoria. Alguna vaquería cercana para llevar leche fresca. Un lujo la leche condensada "Nogueroles", en vasos de cristal con dibujos; mañanas de Cola-cao para ser el amo de la pista y boxear con primor. Los patios se iban tiñendo de rosas y geranios, tratando de ocultar su aspecto de lápidas debido a las vigas que acotaban el espacio, por ellos transitaban los gatos y a los niños les servía de gimnasio para saltar las vallas, sin salir a la calle. 

  Paseos de atardeceres entre los trigales y huertas, excepcionalmente una excursión hasta llegar al aeropuerto y ver salir los aviones,  parecía mentira que pudieran elevarse con tanta celeridad. ¿Adónde irían los viajeros? Antes de volver al Poblado, una visita al paisano que tenía su huerta en Barajas, se cargaban melones y sandías. Había que descansar junto al caño gordo, llegaba el momento de aligerar la carga saboreando el dulce jugo que chorreaba las manos y brazos, lavarlos, antes de proseguir la marcha.

   En los "chinares", don Jose Luis era un cura poco usual, con la sotana remangada, lanzaba al aire el único balón de reglamento existente en el barrio, los niños tras él, iniciaban su grito de guerra: "Monaguillo toca la campana" y ellos coreaban: "Señor cura, no me da la gana", en cualquier otro lugar hubiese sido un desafuero castigado. "Que sí, que no, que caiga un chaparrón con azúcar y turrón" y tras el partido, un premio para todos. Un trozo de pan con dos onzas de chocolate y algunos cromos de futbolistas, ni la mejor copa hubiese sido mejor premio.

   Los "Jardines de Villa Rosa", eran un universo de lujo desconocido, un cabaret internacional para la alta sociedad.  Enfrente, al otro lado donde finalizaba el asfalto, un pequeño cerro servía de palco sentados sobre las piedras, se sacaba de la cesta el bocadillo y la fruta. Los coches comenzaban a llegar, se detenían y el chófer abría las puertas,  ellos descendían con trajes de colores claros y pajaritas negras.  Las mujeres con vestidos largos y generosos escotes, hacían brillar sus joyas bajo la luz del atardecer y los faroles, en plena canícula de agosto, la mayoría de ellas lucían estolas de piel La niña preguntaba extrañada: ¿Por qué llevan tanto abrigo? "Es que luego refresca, hija". El padre sacaba el peluco del bolsillo del chaleco, pronto serían las diez, hora de regresar a casa; al día siguiente tenía que madrugar.

   Otoño, vinculado al frío, se colaba por las rendijas, sobre la cocina de carbón, hervía el puchero con huesos y escasa carne, con algo de tocino y chorizo, verduras o legumbres, traídas del pueblo. Abundante agua para convertir el caldo en diversos platos de sopas. Cardos, cardillos y setas del campo aledaño eran exquisito manjar. En la hornilla se retiraban las brasas, la carbonilla y escoria, ya frías, se aprovechaban para rellenar el barro de las calles sin asfalto, en las que no bastaban las botas katiuskas. Con las ascuas del brasero se asaban castañas y dulces boniatos, tras su retirada, el sahumerio de romero y espliego perfumaban el hogar.

  Se acercaba la Navidad, tiempo de luces y alegría, de zambombas y panderetas, de visitas a los vecinos cantando villancicos y pidiendo el aguinaldo. Escasas eran las monedas y generosos los mantecados, mazapanes, turrones.  Para los mayores la copita de un dedal, con anís o coñác. Deberían haber sido días alegres pero se convirtió en la más triste Navidad, la ausencia del padre en el hospital. A través de la radio, llegaban las campanadas al nuevo barrio, los vecinos comían las uvas y descorchaban botellas de sidra, salían a la calle con petardos y bengalas. Se inauguraba una nueva década, 1960.

   La niña abandonó bruscamente la niñez, supo que los Reyes no le traerían ningún regalo aún así decidió escribir una carta y la echó en el buzón, sólo tenía una petición: Salud para su padre, su mejor amigo. Tuvo que sustituir al pipero con su cesta de pipas y caramelos Saci para jóvenes fumadores de Celtas y chicles de Cheiw y Bazooka. En el barrio hubo una cabalgata bajo las bombillas de luces mortecinas: tres camionetas engalanadas con guirnaldas de papel y bombillas, unos tronos que se tambaleaban en los baches unos pajes montados a caballo, reconocibles bajo sus baratijas y oropeles lanzaban los caramelos que no llegaban al suelo. Les acompañaba una banda de música y finalizaba con un pastor y su rebaño, el mismo que apacentaba en tierras canillenses.

   Días después, el ulular de la ambulancia rompía el silencio del mediodía, la niña pensó que su oración había sido oída, fue sólo un espejismo. Habían transcurrido quince días del año, hubo que improvisar una cama bajo la escalera, fue un tiempo de despedida, de forzadas sonrisas. Una semana después cuando brillaba el sol de mediodía, él se fue hacia la luz, donde las estrellas besan la luna. Como un haz de espigas, vinieron las gentes del barrio a dar su último adiós al primer canillense que lo abandonaba.

   El barrio se fue llenando de  familias, las mujeres cantaban mientras se afanaban en limpiar y colocar los pocos bártulos que traían. Los hombres, tras su horario laboral, hacían chapuzas y daban los últimos retoques al que ya era su hogar. Bajo el cielo canillense se compartía lo poco que se tenía, se participaban alegrías y tristezas; se saciaba el hambre de amor. La vida continuaba girando como una peonza.

(Rosa Jaén /14.6.14)



                                             Foto: Fernando Sainz Valdecantos.

martes, 26 de noviembre de 2013

EL DOCTOR ZHIVAGO Y CANILLAS

Cuando Moscú estuvo en Canillas



     En diciembre de 1964 se iniciaba el rodaje de la película "Doctor Zhivago". Un  grandioso film que cosechó cinco Oscar: guión  adaptado, dirección artística, fotografía, banda sonora original y vestuario. 

   El productor artístico John Box y el equipo de la Metro-Goldwyn-Mayer eligieron nuestro país para el rodaje de ‘Doctor Zhivago’ tras descartar un buen número de candidatas, entre otras Rusia (imposible trabajar allí donde la novela estaba prohibida); Finlandia (la candidata ideal, pero con un frío extremo que hubiera hecho casi imposible la labor de los actores); Yugoslavia (falto de la infraestructura necesaria para una película de esas características). Los productores, entre ellos Carlos Ponti y el director David Lean optaron por las tierras castellanas para representar las estepas rusas necesarias para filmar su película, pensando especialmente en los parajes nevados de Soria. El primer contratiempo fue que aquel invierno acabó siendo uno de los más benignos conocidos en España.


   La noticia de que se iba a rodar una película y precisaba un gran número de extras, cayó en el barrio de Canillas como si les hubiese tocado la lotería. Se trataba de un poblado dirigido por el Ministerio de la Vivienda, cuyos habitantes eran mayoritariamente trabajadores, no faltaban algunos profesionales de la medicina, enseñanza y otras disciplinas universitarias, pero eran una minoría. Muchos de aquellos obreros, habían construido sus propias viviendas para lograr el beneficio del precio en la entrada. Los primeros habitantes empezaron a llegar en la primavera de 1959. El nombre de Canillas provenía del pueblo cercano, que distaba unos 2,5 kms, ya desaparecido. A la izquierda, estaba el Poblado de Absorción, al lado el Poblado Dirigido de Canillas, entre este y el pueblo, sólo estaba el cementerio, algún campo de trigo y terrenos baldíos.




   Fueron muchas personas las que se apuntaron al rodaje y más teniendo en cuenta que la mayor parte de las escenas se realizaban de noche, lo que permitía a muchos irse a casa, lavarse y marchar a su trabajo habitual, por la tarde dormían unas horas y regreso al rodaje, siendo mayoritarios los hombres. En aquella época, tanto mujeres como niños, precisaban el permiso del cabeza de familia para firmar un contrato, aunque fuese la compra de una lavadora, mucho más si se trataba de un trabajo. Ofrecían un salario importante, el sueldo base era de 950 pesetas mensuales y los extras cobraban unas 70 pesetas diarias, algo que permitió a muchas familias hacer frente a gastos ocasionales, incluso realizar el sueño de veranear toda la familia en la playa y ver el mar por primera vez.


   Delante del cementerio de Canillas y sobre una superficie de unos 20.000 m² se construyó una réplica de Moscú, al fondo estaba el Kremlin con sus altas torres, incluida una gran avenida con adoquines, tenía unos 730 metros de largo y por ella circulaban dos tranvías electrificados, cedidos por la E.M.T. También había unas setenta casas y tiendas con escaparates. Para dar más realismo al decorado, varias de las puertas y ventanas eran practicables, es decir, al abrirlas había estancias con muebles u objetos. 





   Para los canillenses fuesen adultos, jóvenes o niños nació una nueva distracción ir a ver Moscú, aunque estuviese prohibido el paso fuera de los rodajes, desde lo que ahora es la Plaza del Liceo, dada la inclinación del terreno, era perfectamente visible la perspectiva del Kremlin.

   Había comenzado la Navidad de 1964 y la nieve no aparecía, decidieron comenzar a filmar, el 28 de diciembre. En las noches de los sábados creció una nueva fiebre entre los jóvenes, ir a ver el rodaje. Esto, aparentemente tan fácil ahora, fue una odisea para las chicas de aquella época que debíamos estar a las 10 horas en casa. ¿Cómo hacer para conseguir el permiso materno? El padre de una amiga trabajaba de extra, cada sábado le esperábamos varias amigas para acompañarle, pero no siempre podíamos volver con él, a veces se prolongaba el rodaje hasta la madrugada; a medida que avanzaba la luz diurna, se retrasaba la hora de rodaje.



   Los lunes era el día de las charlas en la camioneta, aún no funcionaban los autobuses de la E.M.T., en el barrio de Canillas, la parada estaba en el mismo lugar que ahora, delante del llamado Mercado viejo, en la Carretera. Éramos varias chicas de edades entre los 14 y los 18 años, las que trabajábamos en la misma fábrica de productos químicos y farmacéuticos. María Teresa, Maite para las amigas o la B.B. para sus admiradores, por Brigitte Bardot, era rubia como la actriz y copiaba sus peinados, sus gestos. Una mañana llegó exultante. Había estado hasta última hora del rodaje con su hermano mayor y la pandilla. ¡Había saludado, al mismísimo Omar Sharif!. Nuestros ojos se llenaron de admiración, hasta que otra amiga preguntó: ¿Desde cuando sabes inglés?. Después de unos segundos, contestó: Sé decir ¡Hello, Omar!. 

   Aquello no era una prueba irrefutable, así que hubo otra pregunta: ¿No le pediste un autógrafo?. Desde entonces, se estableció que debíamos llevar una libreta a los rodajes, para que nos firmaran autógrafos. Ninguna obtuvo el tan ansiado autógrafo de Omar Sharif, aunque le vimos pasar cerca de nosotras en el coche o bajar de él, pero el equipo de rodaje formaba una barrera infranqueable. El único autógrafo fue el de Geraldine Chaplin. Los interiores de la película se rodaron en los cercanos estudios de la C.E.A., alquilados a la M.G.M., para la ocasión y blindados a cal y canto para los seguidores.



   Una de las pocas escenas que vi rodar entera fue la del ataque de los cosacos, quedé impactada. Recientemente, el hijo de uno de aquellos extras, me comentaba que su padre siempre le hablaba de lo que disfrutó en la escena de la manifestación en la cual los extras marchaban cantando "la Internacional", en plena época franquista. Sé que aquella noche, asistieron muchos policías, supongo que alertada por alguien, (era la única Academia Nacional de Policía Armada de toda España) Situada en la Carretera de Canillas y ahora dedicada a estudios de laboratorio, investigaciones científicas etc. El caso fue, que la policía asistió atónita a esa escena, dudando entre intervenir o no. El equipo de rodaje se vio en la necesidad de explicar a las fuerzas del orden que se trataba de una película de ficción. ¿No era evidente? Por si acaso, tomaron los datos de todos los extras que cantaron el famoso himno. Me pregunto sí posteriormente, no sería censurada dicha escena, no recuerdo haberla visto en el estreno de la película, en el cine Palafox.

   La magia del cine nos hace creer que vemos los Montes Urales, cuando se trata del Moncayo o que los bosques sorianos son los rusos. Las escenas del entierro, al principio de la película, con unas montañas al fondo, están rodadas en la provincia de Granada. Las escenas de la residencia de Varýkino se rodaron en Candilichera. Fue en Soria donde se rodaron prácticamente todos los exteriores utilizándose para ello las líneas ferrocarriles que estaban en uso. Las locomotoras eran de la RENFE, fueron prestadas para la película. El gran problema vino en el rodaje de la estación ferroviaria de Soria, donde la nieve brillaba por su ausencia, teniendo que simularla con toneladas de polvo de mármol y sal, cubriendo los lugares más lejanos con plásticos blancos, el resultado final no fue satisfactorio y tuvieron que trasladarse a Finlandia, cerca de la frontera con la entonces llamada URSS. Para la gran cantidad de extras sorianos fue una gran decepción haber sido eliminados muchos de los pasajes en los que habían intervenido. La presa que sale al final de la película es la de Aldeadávila de la Ribera, provincia de Salamanca.

   En Canillas, durante varios años, la nieve formó parte del paisaje en los belenes, había sido traída directamente de la calle moscovita. Era la primera vez que habíamos visto el corcho blanco. La película acabó de rodarse el 7 de octubre de 1965.

 (M.R.J.M./26.11.13)

   Fotografías: Historias Matritenses.blog
   
   De Película, Internet.